La Nación: El reducto polaco escondido en pleno Palermo que tuvo a Jorge Luis Borges de vecino y hoy revive con un bar tradicional
18/03/2026
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El edificio, comprado por la colectividad, combina gastronomÃa, cultura y memoria polaca
En pleno Palermo se erige una casa histórica con más de cien años de existencia. Fue escenario de pelÃculas, tuvo como vecino nada menos que a Jorge Luis Borges –quien vivió en la misma calle desde los 2 hasta los 14 años– y hoy alberga un bar que esconde una pequeña comunidad polaca con comida, tragos y tradiciones. Aunque no existen registros exactos de su construcción, una fotografÃa confirma que el edificio ya estaba en pie en 1904. La propiedad perteneció durante décadas a un acaudalado comerciante sirio-libanés, hasta que en la década de 1950 fue adquirida por la Unión de los Polacos en la República Argentina (APRA).El edificio se encuentra sobre la calle que lleva el nombre del excepcional escritor. Aquella Palermo de “paredes rosadas†y almacenes de barrio que Borges evocarÃa más tarde en su literatura quedó reflejada en varias de sus obras, entre ellas Cuaderno San MartÃn.“APRA es una federación. Es decir, los miembros de esa institución no son personas, sino otros clubes. Y la casa principal de esa federación es este edificioâ€, explicó Marta Bryszewski, bibliotecaria de la institución y argentina de primera generación. Sus padres llegaron desde Polonia después de la Segunda Guerra Mundial.Hoy en dÃa no existen cifras exactas sobre cuántos polacos llegaron a la Argentina. “Es una pregunta un poco complicada. Después de la Segunda Guerra Mundial está más documentado, porque ya hay más estadÃsticas: se calcula que llegaron unos 20.000. Pero antes hubo una primera inmigración, previa a la Primera Guerra Mundial, de personas de nacionalidad polaca en el sentido cultural: hablaban polaco, cultivaban tradiciones polacas y vivÃan en territorios que alguna vez habÃan sido Polonia. En ese momento, sin embargo, Polonia no existÃa como Estado porque habÃa sido repartida entre otros paÃses. Pero ellos eran polacosâ€, detalló Bryszewski.Desde la calle Borges, el edificio pasa casi desapercibido. Pero al atravesar el portón aparece otra escena: en el patio de la casona, bajo la sombra de un naranjo, funciona el Klub Polaco, un bar y patio cervecero que nació en 2018 de la mano de AgustÃn Burgos, de 38 años. “VenÃamos de tener otro negocio gastronómico, un bar irlandés. Cuando vimos este patio me pareció un lugar fantástico. En ese momento los patios cerveceros estaban muy de moda, asà que decidimos armar un bar acáâ€, contó Burgos. Desde el comienzo, el proyecto buscó combinar la cocina callejera polaca con el paladar argentino. Para armar el menú, Burgos trabajó junto a miembros de la colectividad. “Nos juntamos con gente de APRA que nos ayudó a pensar el menú. Vimos cómo armarlo y qué podÃamos incluir de la comida polaca actual, no solo lo más tradicional, para darle un poco más de ondaâ€, describió.Entre los platos aparecen algunos clásicos de la gastronomÃa polaca. El más pedido es la tradicional pasta rellena polaca que despierta nostalgia en quienes recuerdan la cocina de sus abuelas. “La gente viene y vuelve mucho por los pierogiâ€, sostuvo el dueño del Klub Polaco.También se ofrecen zapiekanki, un sándwich abierto tipo baguette muy popular en la Polonia actual y que funciona como una suerte de fast food del club; kielbasa, una salchicha ahumada servida con chucrut y pepinos; y nalewka, vodkas saborizados con frutas como cereza o frutos rojos, elaborados artesanalmente por miembros de la propia colectividad.El patio también se convirtió en un pequeño escenario cultural dentro de Palermo. “A veces tenemos bandas de jazz en vivo acá en el patio, algo tranquilo y acústico, que le da otro toque y atrae a gente que quizás no conoce el lugar. Y los sábados, por lo general, viene un DJâ€, comentó Burgos. Pero el edificio no es solo un espacio gastronómico. En el interior de la casa histórica también se preserva una parte fundamental de la memoria de la colectividad. Desde 1960 funciona allà la Biblioteca Polaca Ignacio Domeyko, que desde 2010 ocupa un sector ampliado en un anexo construido junto a la casona.“Es la biblioteca polaca más grande de América Latina. Tenemos aproximadamente 25.000 libros o publicaciones y una valiosa colección de prensa de la colectividad que data de principios del siglo XX, como el diario Voz Polski Airesâ€, reveló Bryszewski.Muchos de esos periódicos estaban destinados a los inmigrantes recién llegados, que todavÃa no dominaban el idioma español. “Esos diarios se vendÃan en los kioscos. El inmigrante que querÃa saber qué pasaba en el mundo o buscar, por ejemplo, un médico que hablara polaco, encontraba allà avisos publicitarios, noticias de la colectividad y también información sobre lo que ocurrÃa en Polonia y en el resto del mundoâ€, dijo la bibliotecaria.Hoy todos esos ejemplares están encuadernados y preservados allÃ. “Son un material muy valioso para investigadores de acá y también de Poloniaâ€, agregó.Con el paso del tiempo, el rol del espacio fue cambiando. Si en sus orÃgenes la biblioteca funcionaba principalmente como un lugar donde los inmigrantes podÃan leer en su idioma, hoy permite reconstruir la historia de la inmigración polaca en la Argentina. “Muchos de los primeros inmigrantes que llegaron en el siglo XIX eran ingenieros militares que trabajaron en el Ejército Argentino construyendo caminos, puentes y obras de infraestructura. Después llegó una inmigración más campesina, muy vinculada a la agriculturaâ€, expresó Bryszewski.En Misiones, por ejemplo, se formaron algunas de las primeras colonias agrÃcolas polacas del paÃs. “Fueron pioneros en el cultivo de la yerba mate. Una de las marcas más conocidas, Amanda, es justamente una empresa fundada por inmigrantes polacosâ€, señaló.Hoy también recibe a investigadores y a descendientes que buscan reconstruir la historia de sus familias a través del proyecto Familias Polacas en Suelo Argentino.“Lo que hacemos es pedirle a la gente que nos envÃe documentos escaneados o, si los traen, nosotros mismos los digitalizamos. Escuchamos sus historias y las subimos a una página donde aparece una foto, un relato familiar y los datos que se puedan recopilar, incluidos los vÃnculos entre parientesâ€, ahondó Bryszewski.El trabajo incluye además un sistema de doble archivo, digital y en papel. “Rara vez guardamos documentos originales, porque la gente suele quedarse con ellos. Pero sà imprimimos parte de lo escaneado. No es que desconfiemos de lo digital, pero las instituciones de colectividades no siempre tienen continuidad tecnológica en el tiempo. En cambio, el papel queda guardado en una carpeta y permaneceâ€, sostuvo.Entre las estanterÃas también se encuentran obras de varios premios Nobel de Literatura polacos. “Tenemos libros de Olga Tokarczuk, que es la última premio Nobel de literatura polaca y sigue viva; de WisÅ‚awa Szymborska, que la precedió; y de CzesÅ‚aw MiÅ‚osz, entre otros autoresâ€, explicó.Hoy el funcionamiento de la biblioteca depende del trabajo voluntario de la colectividad. “Abrimos al público los martes de 14.30 a 17.30 y los viernes de 17 a 20â€, contó.El edificio también supo tener otros espacios culturales y sociales. En la planta principal se creó una sala de teatro destinada a actividades artÃsticas y presentaciones de la colectividad. Y en 1954 se inauguró un restaurante de comida tÃpica polaca en el subsuelo, donde antiguamente funcionaban la cocina y la carbonera de la casa.Ese restaurante llegó a tener capacidad para cien cubiertos y durante décadas fue un punto de encuentro para celebraciones, reuniones y eventos de la comunidad. Varias generaciones todavÃa lo recuerdan con nostalgia, aunque con el tiempo dejó de funcionar.La arquitectura de la casona también la convirtió en un escenario recurrente para el cine y la televisión argentina. Sus cielorrasos altos, escaleras originales y patios interiores la transformaron en una locación muy buscada por productoras audiovisuales. Entre las producciones más conocidas que utilizaron el edificio se encuentra la pelÃcula El hijo de la novia, de Juan José Campanella, para la que se filmaron escenas en el interior de la casa.La productora Polka también recurrió al lugar en distintas oportunidades para rodar pelÃculas y telenovelas. Una de las más recordadas fue Esperanza MÃa: en una escena, el personaje interpretado por Lali Espósito ingresa por el portón principal del edificio, que fue ambientado especialmente para simular la entrada a un cementerio.El edificio también fue escenario de momentos significativos para la colectividad. Uno de los hitos más recordados ocurrió en 1997, cuando la casa recibió la visita de Lech Wałęsa, lÃder del movimiento Solidaridad, Premio Nobel de la Paz y primer presidente de Polonia en visitar la Argentina. Durante su paso por Buenos Aires fue recibido en el edificio por miembros de la comunidad polaca.Más allá de su presencia en el cine y de los episodios históricos que atravesó, la casa sigue siendo hoy un espacio vivo para la colectividad. Allà funcionan el Nash Ballet, un grupo de danza folclórica cuyos trajes bordados fueron traÃdos desde Polonia, y los Boy Scouts polacos, conocidos como Harcerstwo, que mantienen vivas tradiciones como la bendición de los alimentos en Pascua o el plato vacÃo que se deja en la mesa durante la cena de Navidad. También se dictan clases de idioma polaco para todos los niveles, los miércoles y viernes.Ese espÃritu de comunidad también se refleja en los proyectos del Klub Polaco para el futuro. AgustÃn, su impulsor, sostiene que la idea es seguir ampliando la propuesta gastronómica y cultural del lugar.“De a poco, queremos que el Klub Polaco sea cada vez más polaco. Queremos seguir mejorando la propuesta gastronómica, que nos viene funcionando muy bien desde que la cambiamos hace unos meses. Ahora que se acerca el invierno queremos incorporar algunas sopas tradicionales polacasâ€, dijo. Entre las opciones que evalúan sumar aparece una sopa de remolacha muy popular en Polonia. El menú podrÃa incluir también preparaciones con hongos portobello, champiñones o carne de cerdo. “Hay muchas recetas interesantes para probar todavÃaâ€, sostuvo.La estrategia también apunta a fortalecer la presencia del espacio en redes sociales y promocionar más eventos para atraer tanto a descendientes de la colectividad como a nuevos visitantes que descubren el lugar por primera vez.A nivel cultural, el objetivo es reforzar el vÃnculo con la Casa Polaca y multiplicar las actividades. “Queremos seguir participando y hacer más cosas en conjunto con la instituciónâ€, concluyó Burgos.
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